Oleada
La oscuridad ocultaba a un hombre en la esquina de la cantina. Él había llegado antes en la tarde, ordenó una cerveza, y así permaneció sin molestar. Cilla, la cantinera, se había incluso olvidado de él.
Luego un hombre alto con ojos lavanda y un andar extraño vino por la puerta y le preguntó por un hombre que encajaba su descripción. Desde las sombras, él vio la interacción y supo que este era el hombre que quería su ayuda. Los negocios mejoraban, y el no era quien para quejarse.
"¿Discúlpeme, señor?" Cilla sonreía, ella se veía joven e inocente, tal vez solo una niña cuando Elysa había peleado con la Reina Olthoi. Que farsa. Había otra ahora merodeando. No, no solo una; esa era una mal interpretación descarada, había muchas más. Se hacía cada vez mas claro que el milagro de Elysa necesitaría pasar una segunda vez para parar esta reciente incursión.
La tierra temblaba con la llegada de los insectos sobrecrecidos y no había ninguna señal de Asheron. Él sonrío a la niña mientras hablaba sobre el viejo hombre, sentado en cuarto secuestrado en su castillo, paralizado por el miedo e impotente por la llegada de los Olthoi.
"Sí, Cilla." La niña se sonrojo, avergonzada de que él hubiera recordado su nombre. Él sonrió y se inclino hacia la luz mientras respondía. Era un reconocimiento tanto a la niña como al hombre alto.
"Hay un hombre ahí que quiere hablar con usted. Yo...Yo me sentí obligada a preguntarle a usted si..."
"Tráelo hacia acá, Cilla." Él sonrío y la despidió, inclinándose de Nuevo hacia la oscuridad.
Cilla camino de nuevo hacia hombre y se movió hacia la mesa. Él la empujó fuera y se sentó delante de la figura.
"Saludos. Yo estoy interesado en obtener tus servicios. Estoy consciente de que tú eres un hombre cuyas habilidades incluyen la evasión de algunas medidas defensivas. Esta habilidad es cautivadora para mi. Yo busco tu asistencia en permitir tal don ser dado libremente." El hombre alto habló metódicamente, casi mecánicamente, y el otro notó que el destello lavanda en su ojo era mucho más de lo que parecía.
"¿Qué quiere usted que haga yo?" el primer hombre preguntó, su curiosidad aumentaba.
*****
Hendac y Jenavere esperaban por la respuesta de Antius. Jenavere se veía impaciente. Hendac meramente observaba como Antius miraba de atrás en adelante a través de las paginas que ellos le habían traído. Se movió hacia Jena en un esfuerzo para calmarla, pero era muy tarde para eso.
"Antius. No hay tiempo para revisar nuestros hallazgos." Ella examinaba su voz, pero su frustración se introdujo con el veneno que laceraba cada palabra. "Estamos viendo a un espécimen diez veces el tamaño que aquella con la cual Strathelar, Cragstone y yo peleamos la primera vez. Debemos actuar rápidamente y mandar exploradores hacía allá. Esto no es algo que simplemente se ira. Esto es la guerra."
Hendac puso una mano en el hombro de ella y sonrío levemente a Antius. Jena miró a Hendac y suspiro resignadamente. Él miró de nuevo hacia Antius, quien coloco los papeles en el escritorio. Una mirada de shock se esparció sobre su cara mientras el color se drenaba.
"¿Diez veces?" él preguntó con voz ronca.
"Al menos," Jena respondió. Hendac asintió también. El suelo tembló levemente, y Hendac se movió hacia abajo. "Escucha, Antius. Todo el tiempo, yo he dicho que solo los Olthoi se estremecían después de la muerte de la Única Reina. Era miedo, algo que ellos nunca antes habían sentido. Malditos sean los escolares. No dirigía la ofensa a ninguna de ustedes dos, pero malditos sus colegas.
"Por mucho tiempo, los escolares han basado sus hallazgos en suposiciones. Ellos han supuesto mal. Los Olthoi han estado criando nuevas reinas por años. Pero este ataque no esta siendo dirigido por ninguna de ellas. La reina que enfrentamos antes tenía cientos de años. Muchas de estas reinas nuevas son jóvenes, algunas inmaduras. Sus glándulas de esencia no están completamente desarrolladas. Ellas no tienen la capacidad de dirigir...aun así los Olthoi están mas organizados. Los pueden sentir moviéndose bajo nosotros ahora. Están excavando más rápido.
"Tú eres un hombre sabio, Antius. Tú has ayudado a la gente de Ispar en muchas maneras a través de tus esfuerzos diplomáticos, pero no hay diplomacia aquí. Esta matar, o ser matado. Debemos actuar antes de que nos asesinen. ¿Lo entiendes? Estamos enfrentado un olthoi más vieja de lo que podamos imaginar, incluso tal vez más vieja que Asheron."
Antius asintió, "Es cierto, yo comprendo, Jenavere." Él empezó a escribir en una hoja de papel en blanco. Le dio el papel a Hendac. Hendac asintió y le dio el papel a Jenavere.
"Antius...haré lo que pueda. Solo ve que Elysa reciba estos reportes. No importara cuantos hombres me des si no podemos averiguar que esta llamando a los olthoi aquí." La tierra tembló de nuevo. "Se nos esta acabando el tiempo."
Jenavere y Hendac se voltearon y fueron.
*****
"...permitiendo que la magia de Asheron sea evadida por cualquiera, sin la necesidad de jurar directamente servicio a Bael'zharon," el hombre terminó.
"Obviamente le dijiste a este tonto que tal cosa no pasaría," Nuhmudira afirmó. El silencio con la que su respuesta rápidamente se encontró la condujo a la ira. "¿No estarás considerando seriamente esto? ¡Lo prohíbo! ¡Tu me sirves a mi!"
El hombre se sentó cómodamente y contesto de una manera calmada, "Estoy en un contrato contigo, Maga. Yo no te sirvo. Hago trabajos para ti cuando tu me pagas. Él pausó mientras ella incrementaba su ira. "Este hombre me paga generosamente para ver que esto sea hecho. Yo he venido a ti para ver que tan preciosa es para ti esta gente, que tan aborrecible es para ti el ver sus mismas almas manipuladas en tal manera, y ver cuanto me ofreces para alterar el resultado."
"La extorsión no te queda, Oswald."
"El asesinato te queda a ti, señora, pero tu necesitabas lavarte las manos de eso. Tu acudiste a mí para mantener tus manos limpias. Yo no estoy encima de lo más bajo de lo bajo." Él sonrío, inmovible.
"¿Tu dices que lo que harás a cada altar alterará la magia para que ni Bael'zharon ni Asheron estén atados a las almas de nuestra gente; en vez de eso, estas van a ir hacia este hombre?" Nuhmudira se dirigió hacia la ventana de su cabaña, mirando hacia la noche del desierto.
"Eso es lo que él dice. Aparentemente el se parece mucho a ti y a mí, Maga, distante de la mera existencia del resto. Su meta es el poder, He sido pagado por un trabajo y lo cumpliré, pero quiero saber que quieres tu hecho en respuesta." Oswald estaba lleno de confianza. Nuhmudira pudo sentir el cambio que se había venido sobre el-el era algo mas de lo que había sido. Ella había visto eso, y ahora trabajaba para otro. Ella había subestimado su fuerza de voluntad y no lo haría de nuevo.
"Si no puedo detenerte, entonces ofreceré el mismo precio que tu otro empleador por una pequeña concesión que será hecha en la implementación su mecanismo. No veré a mi gente sufrir, así que me asegurare de que sean protegidos por el hechizo de Asheron...pero sus almas serán suyas propias. Este poder no ira a esta otra persona. No lo puedo permitir. ¿Qué dices tú a eso?" Nuhmudira permanecía mirando fuera de la ventana, ya conociendo su respuesta.
"El doble."
Ella se volteó lentamente. "Hecho." De repente, Nuhmudira fue tirada a sus pies mientras la tierra temblaba y el piso de cabaña se rompía. Oswald se deslizo hacía las sombras y un filo brillante se deslizo desde una cubierta. A través del centro del cuarto emanaban cientos de olthoi. Soldados, Destripadores y Guerreros rugían hacia la habitación. Nuhmudira perdió el rastro de Oswald mientras invocaba la voluntad de aplastar la horda creciente.
A través de todo Dereth se podían oír los chillidos. El aire nocturno se pudrió y la tierra se dividió mientras que la Horda Olthoi trepaba a través de la tierra.
Dereth estaba perdido ahora en una marea de oscuridad.






